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martes, 12 de septiembre de 2017

Dejar a Lenin gobernar y hacer gobierno con Lenin


ALAI

Las dos propuestas no se contraponen ni se entienden por separado, se exponen como el imperativo de los tiempos que hoy corren en Ecuador. Se acompaña de un genuino espiritu constituyente, de aquel tiempo, reciente, en que todos decidimos volver a tener Patria, refundarla y lograr reconstruir un país hen el que todas y todos pudieramos realizarnos felizmente.

Transcurridos 10 años de Revolucion Ciudadana, vimos con esperanza surgir los frutos del espíritu alfarista, que los ecuatorianos plasmamos en la Constitución de 2008. Hubo tropiezos y errores, como no; fuimos y somos parte de un proceso que tiene virtudes y defectos, como es natural.

Podemos afirmar que fue una década esperanzadora para la mayoría de la sociedad ecuatoriana que vio al fin un país con rumbo cierto, sincero, solidario, con un horizonte de justicia; la pobreza se vio reducida, la equidad y justicia social, en efecto, empezaron a caracterizar a la sociedad ecuatoriana. Sin dudas, fue un periodo que mejoró la calidad de vida de miles de familias que por años carecieron de los derechos fundamentales del ser humano.

Los cambios no fueron nada fáciles de impulsar. Se necesitó férreo compromiso, valentía y decisión, lo que trajo como consecuencia que un amplio sector de la ciudadanía decidiera brindar un sólido y sostenido apoyo al proceso transformador, liderado por Rafael. Por supuesto, como en todo proyecto democrático, existían y existen francos opositores, con ideologías divorciadas de la RC.

Por otro lado, varios sectores de la población en general y, de los actores políticos organizados, tomaron distancia con el gobierno de la RC, por diversas razones. Esta distancia no implicó necesariamente un abandono con respecto al proyecto de cambio social, pero sí fue claro en evidenciar una urgencia: revitalizar y oxigenar el proyecto político.

En concordancia, Rafael Correa fue certero en advertir dicha necesidad de alternancia en el poder y entrega la confianza a su compañero de fórmula Lenin Moreno.

La mayoría de los ecuatorianos, históricos convencidos del proceso de RC, le dimos nuestro apoyo a Lenin para iniciar esta nueva fase en el gobierno. Luego, ya una vez en la Presidencia, los desilusionados y francos opositores de la década pasada, renococieron en Lenin un líder carismático a quien confían el futuro del país.

Es así que hoy, el Presidente Moreno, cuenta con altísima aceptación popular en su corto periodo de gestión.

Con este escenario de fondo, vemos cómo en la arena de PAIS corren vientos tumultosos.

A partir de la gestión desempeñada y criterios emitidos por el actual Presidente, se ha gestado incertidumbre con respecto a la gobernabilidad con la que gozará el gobierno de Lenin dado los firmes cuestionamientos realizados por PAIS a su coherencia programática. Ahora bien, ¿Qué principios y objetivos establecidos en el proyecto político - Constitución y Plan Nacional- ha desmontado?

Se denuncia también traición para con el proceso de la RC. Reclaman que está atando trazos para retornar al país al pasado, resucitando a la partidocracia, dando en bandeja a la derecha oligárquica y burguesa, parte importante del pastel nacional.

Para muchos, esta situación de confrontación "interna" es bastante incómoda e inadecuada, por no decir odiosa. Explico por qué.

Hasta donde entendemos, todos los comprometidos con el sueño bolivariano, elegimos a Lenin Moreno dado que representa la continuidad y el cambio con respecto al proceso de 10 años transcurridos. Lenin encarna la necesaria oxigenación de relaciones y ejercicios de poder, que es esencial regenerar para vitalizar y fortalecer los pilares del cambio social rumbo al Buen Vivir. Lenin es, en la actualidad, la posibilidad de corregir los errores, robustecer los aciertos y acelerar con paso firme los logros aún pendientes, establecidos en el plan nacional.

Esta nueva fase en el proceso post-década ganada, implica apostar por el liderazgo y dar apertura a la creatividad y capacidad de Lenin, de acuerdo a sus estrategias, confiando, apoyando y co-gobernando, tal como en su momento lo hicimos con Rafael Correa.

Es también un reto para quienes no toleramos la incertidumbre y -con justa razón- tememos perder lo que nos ha costado tanto lograr. Precisamente, el reto esta en no desesperar y jugar en contra martillando a lo construido.

No hay disputa que no hayamos ya vivido, también en el gobierno de Rafael tuvimos que compartir la política con actores contra-transformación y disputar los espacios; el Estado es una arena de antagonismos y contradicción.

No hay intransables siempre que el gobierno mantenga el compromiso con Montecristi de forma honesta y evidente.

Tampoco hay agenda que inventar, pues la Constitución es el camino que aún debemos volcar a la realidad. Su concreción solo avanzó unos primeros pasos en estos 10 años de RC, por lo tanto, queda mucho por consolidar. Debemos ser concientes de que continuamos en un periodo de transición y que la guía sigue sindo la misma: aquella utopía realizable, el Buen Vivir.

En definitiva, dejemos a Lenin gobernar y hagamos gobierno con él participando con pensamiento crítico constructivo, sin dogmatismos ni pasiones irracionales y poco objetivas, con permanente estado de alerta, pero no alarmante; estamos en la misma orilla, debemos seguir remando contra las corrientes que persisten y vendrán con fuerza para oponerse al aún naciente Ecuador de justicia y dignidad.

Fuente: http://www.alainet.org/es/articulo/187990




https://www.rebelion.org/noticia.php?id=231409


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